Isla de Pascua

La leyenda de la Isla de Pascua o Rapa Nui en el idioma nativo. Ésta ínsula corresponde a la más grande de las pertenecientes a Chile. En realidad, no es este el único nombre que recibía. También era conocida como Te pito o te henúa (El ombligo del mundo) y Mata ki te rangi (Ojos que miran al cielo, en referencia a sus numerosos cráteres) según el idioma autóctono.

Pero lo más asombroso de esta espectacular isla no son los atractivos parajes, sino los cientos de enormes estatuas que se hallan en ella. No existe hasta la fecha ningún estudio científico capaz de rebelar el misterio que albergan los "moais", espectaculares figuras de gran altura talladas en piedra que representan extraños personajes. Estas "esculturas", según la traducción rapanui de moai, se cree que fueron talladas por los habitantes polinesios de la isla con fines todavía hoy inciertos. Sin embargo, la teoría más aceptada es la que advierte que los moais eran una especie de epitafios, como un culto funerario a los antepasados; una señal lapidaria, quizás de personajes importantes.

Los moais miden en promedio 4 metros de altura. La excepción es el moai Paro, que alcanza los 10 metros y llega a las 85 toneladas de peso. Parte del Ahu Te Pito Kura es la expresión final del megalitismo usado como símbolo del poder político y religioso en las pugnas internas de la sociedad.

Se esculpían directamente en la roca con cinceles de basalto. Una vez terminados eran levantados y deslizados a los pies del volcán con firmes cuerdas vegetales. Luego se trasladados a los diferentes puntos de la isla para ser erguido en el ahu (altar). Ahí el Ariki (rey) presidía un ritual en el que se investía al moai de un poder capaz de proteger al linaje y a la isla. Sólo después de esta ceremonia el monumento recibía sus ojos compuestos de coral blanco y obsidiana, además de un sombrero elaborado con escoria roja, similar al moño teñido de rojo o turbante que usaban los Arikis, como símbolo de su divinidad.

La mayoría de los moais se levantaron en la línea costera. El sitio escogido para levantar un Ahu era sacralizado mediante un ceremonial que incluía una cobertura de tierra roja como base. Este color, en toda la Polinesia, simbolizaba lo sagrado, la guerra, las cosechas, la fecundidad y los sacrificios humanos.

La leyenda se remonta a unos escritos alemanes de conquistadores, que han transmitido esta historia hasta nuestros días. De las leyendas del origen de la Isla de Pascua, se desprende que ésta sería
la única salvada de una gran catástrofe donde todo un archipiélago desapareció en el centro del Pacífico Sur. Por otra parte, es extraño que la realización de estos monumentos se remonte a tan sólo cuatro siglos atrás, hacia 1550. Además, estos no son los únicos monumentos que construyeron, ya que se han encontrao muchas otras esfinges con características similares entre las entrañas rocosas de la Isla de Pascua.

En Hiva (teórico continente perdido en el Pacífico), el
nativo Hau Maka tuvo un sueño en el cual su espíritu viajó a un país lejano, buscando una residencia para el rey Hotu Matua.

Hau Maka llamó a su isla imaginaria "Te Pito O Te Kainga un Hau Maka" ("El pequeño pedazo de pista de Hau Maka"). Cuando el rey Hotu Matua escuchó el sueño no dudó en enviar exploradores jóvenes, entre ellos sus hijos Ira y Raparenga, para hallar su próxima morada. Pero los viajeros no fueron a ciegas, sino que aquel ensoñamiento de Hau Maka le indicó perfectamente el camino a seguir para encontrarla, cosa que hicieron (aquel sueño le había dado las coordenadas concretas para encontrar la isla):

lunga i (viento arriba, en el sudeste)
tau de e (hacia afuera)
ro a del revareva de e (como contorno permanente)
i raa del te del roto i (en medio del "levantamiento" del sol)

Muchas son las teorías, conjeturas, especulaciones y demás complejos entramados que rodean de misterios y enigamas la polémica Isla. No se ha alcanzado un consenso ni sobre los verdaderos orígenes ni sobre la finalidad de estas figuras arquitectónicas tan cuidadas. Sin embargo, estas esculturas continúan suscitan un gran interés entre los turistas que las visitan cada año, gracias al aura mágica de paradigma que las rodea y que probablemente nunca llegará a ser resuelto a ciencia cierta.

Irene Larraz